BRAZILIAN AFFAIR Narda Lepes viajó en auto a Brasil cuando tenía tan sólo un año. Fascinada con la gastronomía carioca y paulista, la cocinera vuelve cada tanto para descubrir playas nuevas, desenchufarse de la vorágine y cazar nuevos reductos.
Nada detiene a Narda Lepes. Despliega su faceta
multitasking sin interrupciones: a poco de estrenar maternidad se volcó a las grabaciones de la nueva temporada de “Lo de Narda” y “Doña Petrona por Narda”, el ciclo que le valió el Martín Fierro, desarrolla con éxito su faceta empresaria (realiza catering para eventos cool) y cosecha buenas críticas por sus dos primeros libros. Con tanto ajetreo, se le dificulta viajar con la misma frecuencia con la que lo hacía hasta hace poco. Sin embargo, atesora los mejores recuerdos de su estadía en Brasil, país que visitó en 2006, cuando grabó un especial para la señal elgourmet.com. El mentor del blog
En auto a Brasil, Pablo Palmiero, la entrevistó para conocer sus preferencias cariocas. Narda le reveló que viajó en auto por primera vez cuando tenía sólo un año. Su madre frecuentaba un tiempo compartido en Río de Janeiro. A 38 años de aquella travesía, la cocinera prioriza el check in de los aeropuertos y prefiere las nubes para encaminarse a su soñado Nordeste, y las megalópolis de San Pablo y Río de Janeiro. Su regla de oro es evitar las aglomeraciones: "No me gustan las playas llenas de gente, si es un lugar conocido prefiero ir a otro lado. Me decís Ubatuba, por ejemplo, y te digo no."
Está claro que tomarse un tiempo entre tantas ocupaciones merece elegir un destino que amerite el traslado, que incluye a su marido, un cineasta al que prefiere mantener al margen de los flashes, y a su primogénita, Leia.
Lepes no duda al definir la playa de sus sueños: "El agua tiene que ser caliente y transparente, para mí eso es ir a la playa; si no es sólo caminar por la arena”. Narda prefiere un lugar especial con poca gente, “en donde un Japonés jubilado haya puesto un hotel con restaurante. Busco un lugar limpio, sin gente gritando y que haya un japonés cerca".
Lo que más le gusta de Brasil y la lleva a viajar unas tres veces al año es, además de las playas, sus amigos y la gente buena onda que fue conociendo a través de los años. Dicen sus amigos brasileños: "Si Brasil es una película, el casting lo hicieron en San Pablo y las locaciones las eligieron en Río". No hace falta aclarar que sus amigos son paulistas.
"Río es un lugar increíble", sentencia Lepes. "La gente, el brasileño, habla sobre la amistad o la vida, habla de temas más abstractos, el borracho del bar, por ejemplo, habla de los amigos; son más tranqui, no andan hablando todo el día de política o de problemas".
Otro de las razones por las que ama San Pablo es por los japoneses. Esa urbe cobija la mayor colectividad nipona del mundo, y la cocina de esas latitudes es la preferida de la cocinera.
Con respecto a la gastronomía local, Lepes destaca las frutas y el pescado. Y aclara que la comida bahiana le gusta, pero le cae pesada: "Te comés una moqueca y quedás dada vuelta, el argentino no está acostumbrado a tanta fritanga y al aceite de dendé". Cuando sale a comer elige lugares a los que no van los turistas: restaurantes y mercados que sólo conocen los lugareños, donde la calidad de la comida es excelente. San Pablo tiene restaurantes de alta gastronomía; en Río, en cambio, son más visuales que la comida en sí, el ambiente es buenísimo. "Cuando el brasileño tiene buen gusto es muy buen gusto, lo mismo a nivel intelectual: el intelectual brasileño te pasa el trapo".
Narda listó un puñado de los lugares solitarios y con buena comida que hoy le resultan imprescindibles: Japaratinga, en el estado de Alagoas, cerca de Recife y Maceió, y Praia dos Carneiros en Recife.